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Feijóo y Europa contra la inflación de guerra: ¿presión a Sánchez?

Feijóo busca respaldo europeo para presionar a Sánchez con un plan contra la inflación derivada de la guerra


Alberto Núñez Feijóo se desplaza a Bruselas para recabar respaldos políticos y técnicos que le permitan promover ajustes fiscales y energéticos destinados a suavizar el impacto de la inflación, además de impulsar que la Unión Europea anime al Gobierno español a aplicar medidas de alivio equivalentes. Su agenda integra encuentros con el Partido Popular Europeo y citas bilaterales de alto nivel centradas en el aumento del coste del petróleo y el gas, junto con la necesidad de articular una respuesta conjunta ante un contexto internacional inestable.

Una estrategia diplomática impulsada por el enfoque económico

El líder del Partido Popular ha optado por trasladar su agenda económica al núcleo donde se definen las decisiones comunitarias, y durante su estancia en Bruselas, en plena conmemoración del 50 aniversario del Partido Popular Europeo, Feijóo proyecta un movimiento doble: por un lado, afianzar la afinidad política con figuras clave del ámbito conservador y, por otro, presentar un conjunto de iniciativas para afrontar el encarecimiento de la energía, un fenómeno que podría reavivar las presiones inflacionistas en España. La premisa es clara: con un respaldo europeo más robusto para un paquete de medidas, aumentará la capacidad de presión para que el Gobierno de Pedro Sánchez adopte pautas semejantes o, al menos, agilice su reacción.

La estrategia no busca únicamente un pronunciamiento simbólico. Feijóo intenta articular una narrativa de gestión pragmática, centrada en aliviar el coste de la vida de los hogares y en proteger el tejido productivo ante un shock de precios que se alimenta de la inestabilidad geopolítica. En su equipo insisten en que la falta de Presupuestos Generales limita el margen de maniobra del Ejecutivo y deja a las familias expuestas si no se actúa con celeridad. Por eso, la interlocución con Bruselas se presenta como un mecanismo para “suplir carencias” y para coordinar acciones que, de prosperar, sumarían credibilidad y capacidad de intervención.

En este contexto, Feijóo prepara un mensaje de respaldo a una diplomacia europea “pragmática” ante la crisis internacional y, al mismo tiempo, un contraste con lo que interpreta como un foco excesivo del Gobierno en debates de polarización. La prioridad, insisten fuentes populares, es “el bolsillo de los españoles”, con un énfasis particular en frenar las subidas de costes energéticos que se trasladan al transporte, a los alimentos y a los insumos clave de la industria.

Reuniones clave y un escaparate europeo para sus propuestas

La agenda incluye un encuentro con Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, y conversaciones con dirigentes de referencia del ámbito conservador europeo, entre ellos el líder de la Unión Demócrata Cristiana alemana. Además, el jueves se celebrará la cumbre del Partido Popular Europeo como antesala del Consejo Europeo, un foro que Feijóo valora por su capacidad para alinear posiciones con representantes que hoy gobiernan en distintos países de la UE. En ese marco, el dirigente gallego aspira a conseguir un respaldo explícito o, al menos, una receptividad favorable a sus planteamientos.

El itinerario incluye además su presencia la tarde del miércoles, en la víspera, durante la conferencia Global Synergy organizada por el Centro Alfred Martens, donde analizará junto con Tomi Huhtanen la situación latinoamericana y sus vínculos con Europa. Si bien la atención principal recae en la economía interna, el PP intenta proyectar una visión más amplia en materia geopolítica y una lectura completa de los factores que impulsan el incremento de los precios, que abarcan desde los atascos en la cadena logística hasta las fluctuaciones del crudo y el gas en los mercados internacionales.

Dentro de la carpeta económica que Feijóo llevará consigo se contemplan propuestas que mezclan reducciones fiscales transitorias y acciones energéticas dirigidas a contener el coste de la energía, pensando en los próximos meses. El objetivo consiste en ofrecer un marco previsible para hogares y compañías, evitando que un repunte inflacionario vuelva a mermar los salarios reales y los márgenes empresariales justo cuando la economía precisa estabilidad para mantener la inversión.

La presión política marcada por la inflación, la energía y el encarecimiento de la vida

La situación es bien conocida: un aumento en los precios de la energía repercute rápidamente en toda la cadena de suministros y, con frecuencia, termina trasladándose al coste de la cesta de la compra. Para el PP, ahí se concentra el eje de su estrategia. Feijóo busca que Bruselas promueva una acción conjunta, ya sea mediante marcos temporales de ayudas autorizadas por la normativa comunitaria, ajustes limitados en la flexibilización o recomendaciones que agilicen reducciones específicas de cargas que incidan de forma directa en el coste final asumido por hogares y pymes.

El planteamiento más extendido insiste en la premura. De acuerdo con este análisis, España podría quedar atrás en la puesta en marcha de mecanismos antiinflacionarios si no prevé escenarios desfavorables y dispone con antelación amortiguadores antes de que los precios vuelvan a repuntar. El plan que impulsa Feijóo busca proyectarse como una herramienta de protección inmediata del poder adquisitivo y, simultáneamente, como un gesto de solvencia frente a los socios europeos: respetar reglas fiscales compatibles con el crecimiento y, a la vez, activar medidas de emergencia cuando el contexto así lo requiera.

En el ámbito político, el PP contrapone su postura a lo que considera una comunicación del Gobierno marcada por la confrontación con líderes internacionales, una estrategia que, según Génova, no ofrece respuestas reales al encarecimiento cotidiano. Su objetivo pasa por reducir el ruido y enfocarse en logros palpables: recibos de luz y gas que no desequilibren las economías domésticas, carburantes con tarifas moderadas y un respiro evidente para los sectores más vulnerables.

Un escaparate para el PP europeo y un termómetro de alianzas

La conmemoración de los cincuenta años del Partido Popular Europeo representa también un momento idóneo para tomar el pulso interno a la familia política a la que se adhiere el PP español. Con catorce ejecutivos integrados en el PPE, el encuentro actuará como un termómetro para valorar cómo se reciben en otros países las propuestas que Feijóo pretende impulsar. Si consigue establecer un relato común sobre la inflación y la energía, el dirigente popular reforzará su posición para que esas mismas ideas resuenen en la conversación política nacional.

Este tipo de foros favorecen, además, el intercambio de buenas prácticas. Experiencias exitosas en la contención de precios, esquemas de apoyo a consumidores vulnerables o incentivos a la eficiencia energética pueden trasladarse, con las debidas adaptaciones, al contexto español. La construcción de consensos técnicos y políticos en Bruselas no solo robustece el posicionamiento del PP, también otorga una pátina de viabilidad a medidas que requieren coordinación multinivel y, en ciertos casos, el aval de la Comisión para encajar en el marco de ayudas de Estado.

A la vez, la agenda internacional de Feijóo aspira a consolidar su perfil como un interlocutor considerado fiable ante las instituciones europeas, mostrando capacidad para cerrar acuerdos sin descuidar los delicados equilibrios internos. La mezcla de reuniones oficiales y contactos bilaterales más informales facilita medir respaldos, aclarar incertidumbres regulatorias y matizar el mensaje antes de que este llegue al debate interno.

El contrapunto a la estrategia del Gobierno y el debate sobre tiempos

Desde el PP sostienen que la falta de Presupuestos refuerza la idea de que el margen de reacción del Ejecutivo es limitado. De ahí que reclamen anticipación: preparar medidas antes de que la presión sobre precios se cronifique. Para Génova, lo esencial es priorizar lo que consideran la economía real de las familias y los autónomos, en lugar de quedarnos en la disputa retórica. Esta posición se traduce en una petición nítida a Bruselas: habilitar y recomendar instrumentos que tengan impacto tangible y rápido.

El Gobierno, por su parte, ha defendido en ocasiones anteriores respuestas europeas coordinadas y ha puesto en marcha herramientas de alivio en momentos de tensión energética. El choque, por tanto, se juega en el terreno de la intensidad, el calendario y el alcance de las medidas. Feijóo aspira a inclinar esa balanza a favor de una acción más decidida y acelerada, apoyándose en el paraguas de la UE para dotar de mayor presión y legitimidad su propuesta.

El debate sobre los tiempos no es menor. Las medidas antiinflacionarias pierden eficacia si llegan tarde o si no se combinan con políticas que favorezcan la competencia, mejoren la eficiencia energética y eviten distorsiones prolongadas en el mercado. De ahí que el mensaje a las instituciones europeas incluya tanto el corto plazo (amortiguar el golpe) como el medio plazo (prevenir nuevas espirales de precios mediante inversión, diversificación de suministros y modernización de redes).

Plan de ruta, metas y posible beneficio político

La visita a Bruselas se concibe como un recorrido con objetivos definidos: asegurar respaldo político para una agenda económica orientada a contener la inflación, analizar si es factible aplicar medidas regulatorias que alivien la carga fiscal y energética y, al mismo tiempo, afianzar la presencia del PP dentro del escenario europeo. El resultado de la gira dependerá de convertir esos apoyos en mensajes precisos que, una vez en España, incrementen la presión sobre Moncloa para que impulse un plan de choque.

En el mejor de los casos para los populares, el viaje permitirá presentar una imagen de liderazgo propositivo, capaz de tejer alianzas y ofrecer certezas en medio de la incertidumbre. Incluso si el resultado es un apoyo matizado, Feijóo podrá capitalizar la foto de interlocución con los máximos responsables europeos y el alineamiento con gobiernos del PPE, proyectando solvencia y sentido de urgencia.

A medio camino entre la diplomacia y la política interna, la operación busca instalar un tema en la agenda con el peso específico suficiente para condicionar decisiones en Madrid. Con la inflación como variable sensible para el humor social, la batalla por el relato y por las soluciones palpables se libra ya en clave europea. En ese escenario, el PP confía en que su ofensiva en Bruselas actúe como catalizador de un cambio en la respuesta económica española, con el objetivo declarado de proteger a los ciudadanos frente a un encarecimiento que, si no se ataja, puede erosionar el crecimiento y la cohesión social.

Por Otilia Adame Luevano

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